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Duda y fe, el individuo en la hoguera.”El hereje”. Miguel Delibes. Crítica.

18 enero 2017

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“Duda y fe , el individuo ante la hoguera”. EL HEREJE. DELIBES. Por Alejandro Lacaze

Publicada en 1998 la novela “El hereje” cerraba una obra descomunal la de uno de los más aclamados narradores de la España del siglo XX. Acercarse a dicha dimensión desde la pequeñez de una crítica me parece osado, no en balde a través de las innumerables aproximaciones de cada uno podemos hacer más grande si cabe su obra, ya que en todo momento suscita la reflexión.

Si a mi parecer la introducción es confusa, no tratándose más que de una justificación de la situación histórica, un contexto, narrado con sesuda rapidez, profusión de nombres y circunstancias aburridas que demoran la acción de la primera parte. Si es cierto que Valladolid y su entorno castellano son parte vital de la novela, un protagonista más. El conocimiento de la comarca, la geografía y las rutas son factor a tener en cuenta (no en balde el mapa en adjunto aportado por el autor). Es por otra parte un homenaje a una ciudad y una tierra marcadamente católica. Poner las luces y sombras a una ciudad y en un tiempo pasado que no difiere mucho del que le tocó vivir (el Franquismo con la intolerancia civil y religiosa).
La primera parte, hasta más de la mitad, esté llena de vicisitudes eróticas (cosas que me parece que tienen que ver más con la fantasía erótica de un octagenario que con el propósito). Eróticamente, primero a través de las hazañas del padre del protagonista (Cipriano) y su esposa, posteriormente y en la misma línea erótica con el personaje de la
nodriza. Después pasamos a la infancia escolar del protagonista en un internado católico  para volver a retomar el tema amatorio con su esposa en el afán de ésta por tener un hijo. A la salida del internado, comienza la iniciación sexual de Cipriano también con su nodriza. Su mujer de origen humilde lozana, esquiladora del Páramo es escogida por él por su lozanía y simpleza para ser su esposa. Se nos muetsra todo un periplo vital  que pasa desde su boda a su travesía en busca del hijo que no llega hasta la claudicación de ella en este tema. El autor disfruta haciendo pasar a ambos satisfacciones carnales  y nos detalla buena práctica de actividades sexuales.

Si la primera parte es anacrónica podría estar situada en una novela de los años 50, no aprecias contexto del siglo XVI.(He leído críticas sobre esto que francamente me dan igual.) La segunda parte, trata de como “captan” al pobre protagonista personaje los luteranos. Digo pobre por su humildad. Una vida mediocre, sin apasionamiento por su mujer (que le cansa con la obsesión absoluta de tener un hijo), la mediocridad de la vida monótona le hace dar un giro cuando toma contacto con las corrientes que surgen a raiz de movimientos reformadores dentro de la Iglesia surgidas con la critica de Erasmo Rotterdam.  La Iglesia estaba sumida en unos debates en su seno entre los que condenaban a Erasmo y los que lo defendían . Titubeos que sufre el propio emperador Carlos V ante la nueva doctrina luterana ya que tardanza condenatoria a Lutero.

Nuestro personaje es captado (“cazado”) a través del doctor Cazalla y sus acólitos. Su participación en los cenáculos y reuniones secretas es cada vez más activa encontrando un refugio vital en sus actividades que se implican cada vez más en la disuasión de la doctrina activamente. El sentimiento del protagonista dentro de una “comunidad” implica  el sentirse haber “hallado la luz” y es descrito similar al deslumbramiento emocional del enamoramiento. el protagonista encuentra la misión celestial de que Dios le ha escogido para una tarea, que eres muy importante, y su “implicación”, el secretismo y la lucha adversa (el grupo pequeño que es perseguido)  multiplican sus fuerzas y su empeño. Es un mecanismo psicológico de afirmación y convicción. La persecución reafirmará todavía más su convicción y motivación.Suele ocurrir que quien participa en esa aventura. Asismismo, la sensación de sentirte aceptado en una comunidad que sustituye a familia real , la secta sustituye emocionalmente a la familia carnal. Todos estos componentes desatan la visceralidad entre sus componentes.  Es todo un tratado humano de psicología.

Por una parte el escritor pone de manifiesto “la superioridad moral” con la que se muestran los” elegidos” luteranos respecto a la Iglesia oficial, afirmándose en las burlas y los pasajes que hacen éstos  cuestionando doctrinas católicas tales como el culto a las reliquias, la infabilidad del papa, las bulas y el purgatorio…( éstas, cuestiones dogmáticas
sean probablemente lo más evidentemente absurdo de la doctrina católica)… así como los puntos de la fe sin obras (la gracia), el celibato, curioso no se mencione mucho el culto a imágenes…
En fin, “los elegidos” se muestran ciertamente prepotentes en su intelectualidad y posesión de la verdad. El personaje Cipriano no participa de esta soberbia, sino que es un personaje fiel y tranquilo.
No creo en ningún momento el posicionamiento a favor del autor del grupo de protestantes por como son mostrados antes y después. Las opiniones sobre dogmas, simplemente las deja caer como  algo evidente para ser juzgadas según cada uno pero no como un posicionamiento dado que los personajes son mostrados en un halo de soberbia que les da esa posesión de la verdad que dista mucho de comportamientos evangélicos.

El acontecimiento que marca la “rendición vital” de Cipriano (llamemos así al “desapasionamiento” en su vida carnal) viene con la locura acaecida a su esposa ante el abandono de las labores maritales de su marido en pos de tanta plática espiritual. Ella se abandona a decorar la casa, síndrome del nido vacío, segunda obsesión , y él, al comercio de sus pellizas por Europa ( véase la ruta lana de donde contacta con círculos protestantes de Flandes, Alemania y Francia trayendo libros y folletos que imprimirá para difundir su misión evangelizadora. Es en este momento cuando su esposa sufre un ataque de locura tipo Bergman en “Secretos de un matrimonio”, que da escalofríos de lo cruel y veraz que se describe. No hay vuelta atrás. Ella es internada en un psiquiátrico. Allí, casi abandonada (salvo  las visitas comprometidas de él) ella se deja morir de hambre y pena. Mientras, él sigue inmerso en la fe clandestina, aderezado ahora por la idealización de una bella y noble joven que representa la finura intelectual y la belleza inaccesible en contraposición con su mujer, que representaba la compañera carnal y cercana (algo así como el dilema venus pandemos venus urania). Creo que el autor, sopesando, disculpa más moralmente a ésta última (su mujer) y sus actos, que a la bella protestante, que como veremos se salva de la hoguera pero no cumple en la honestidad.

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En la última parte, casi la fundamental es donde centro mi crítica y donde me me parece magistral la exposición de la novela a la reflexión. La ciudad y le época arden en una clima de represión y crisis. La muchedumbre dirigida por los gobernantes buscan chivos expiatorios (como sucede en toda épocas de crisis) y qué mejor carnaza que los disidentes cultos y soberbios. Con poderes civiles el Santo Oficio y la Inquisición localizan minuciosamente y encarcelan a todos los componentes entre los que figura el protagonista. La delación entre ellos ante el miedo y la tortura muestran la verdadera cara de todas las partes.

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El juicio del autor es implacable con los torturadores por un lado. Pero también con la miseria moral de los juzgados, que niegan de su fe, buscan el interés propio y nos muestran cuan miserables podemos llegar a ser los seres humanos a ser ante el miedo a la muerte y dolor. La sociedad no soporta ambas cosas y Delibes se recrea minuciosamente y magistralmente en ambas. Ésta vez narrando en la última parte los últimos
días del pobre Cipriano en la cárcel, su tortura y su juicio público (auto de fe) y posterior muerte en la hoguera ante los ojos de la masas enardecida.

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Asistimos a un verdadero via crucis paralelo al que sufrió Cristo. La recreación es una traslación de la Pasión. ¡Cuán absurdo y cuán poca memoria puede llegar a tener la clase sacerdotal cristiana si hace lo mismo a un reo que a su propio Dios, como ha hecho el cristianismo!.
La masa es miserable, asiste en júbilo y fiesta a los juicios, ambas: la maleducada y la refinada, es decir todas las clases sociales aparecen y todas reclaman con su ojo el espectáculo de la sangre, el linchamiento público para saciar su sed. Al igual que tantas veces en la historia religiosa o laica como la Revolución Francesa cuando  la masa acudía a ver el sacrificio, aplaude jalea, insulta, escupe, descarga piedras o ríe desde su condición de masa. Los gobernantes no más que hacen agradar a esta masa, calmar la sed de este mounstruo. Delibes describe detalladamente cada gesto de la masa, y lo peor
es que lo reconocemos, lo hemos vivido cerca o lo imaginamos demasiado real como para no ser cierto.
Miserables unos (torturadores), miserables otros (condenados) y miserable la propia masa, no creo pues que Delibes se decante por hacer buenos y malos, sino por señalarnos a todos como partícipes de una gran tragedia en la que tan solamente el individuo y sus actos y su conciencia (por muy pequeño que sea como el caso del protagonista) arroja cierta luz en toda su mediocre existencia.
Porque mediocre ha sido la vida de Cipriano, porque no ha hallado el amor, porque ha confiado y ha dado su corazón vanamente a otros que no merecen y porque la final lo que le queda es duda y a la par, fe.
Parece ser que el único que ha creído de verdad y el único que de verdad merece llamarse cristiano, es Cipriano. El individuo y su soledad ante su duda y su fe ante su más allá.

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