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“El último tango en París” El fin del amor y París según Bacon.

6 junio 2017

 

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Estamos en la recién inaugurada década de los 70, hace un par de años los jóvenes parisinos y medio mundo protesta en las calles, la revolución de la juventud contra el orden establecido de los años 50, la comodidad, la tradición y la burguesía. Surgen con fuerza la liberación sexual y el feminismo. Se cuenta que el director Bernardo Bertolucci vivió en su juventud los acontecimientos del mayo francés y que relata en su película “Soñadores”. Las memorias idealizadas de un cinéfilo empedernido más interesado en el sexo y el cine que en el amor y la revolución política.

Todo esto aparece y subyace en una historia de búsqueda existencial de estos dos personajes. Él (Brando) un maduro americano en París, al que el suicidio de su infiel esposa le hace vagar sin sentido. Ella (María) la joven hija de un militar burgués, que va a casarse con un joven director (Jean Pierre Leaud).

Pero a pesar de los pesares, a pesar de la sacudida violenta de las calles de París y de levantar los adoquines buscando un cambio, todo queda en humo en ese mayo del 68 cuando el presidente de la República, De Gaulle llama a la mayoría silenciosa a protestar pacíficamente y a tomar control de las cosas.

La alegoría que muestra la película es idéntica , a pesar de los pesares y de levantar los adoquines de la piel en una extraordinaria sacudida de violencia y destrucción, con esta reivindicación de revolución sexual en una atípica historia de amor, ésta, la historia sexual es “asesinada” por la propia protagonista al final de la película, cuando decide matar esa “aventura” para finalmente casarse y volver al orden.

La equivalencia es clara, mayo del 68 fracasó y la transgresión en el terreno de las relaciones también.El final es concluyente, ante la declaración por fin de amor del protagonista y la petición de él al fin, de nombrarse por su nombre, ella le dispara.

La película es desagradable, no pretende lo contrario, su lenguaje es violento y visceral para provocar repulsión y podredumbre. La podredumbre existencial, un hombre otrora abandonado al amor. Parece ser que entregó todo a su esposa y ésta le correspondió con las dos traiciones más grandes que un hombre pueda sufrir por parte de una mujer: la infidelidad consabida y el suicidio). Éste hombre ahora lidia con la regencia de un hotel decadente, un hotel donde habita el amante de su fallecida mujer y que es frecuentado por prostitutas, evidencia el crujido de sus plantas de madera vencida y sus moquetas oxidadas sus paredes verdosas de hongos.

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Una joven, Jeanne, queda deslumbrada en la secuencia inicial bajo el puente de ….ésto ya nos da idea del azar, dos desconocidos que se cruzan, una joven que se vuelve ante la imagen de un maduro extranjero llorando. Minutos después coinciden dentro de un apartamento abandonado que se alquila.

Ese lugar, con fuerza telúrica propia, centro de encuentro fortuito, desencadenará las pasión carnal entre ambos. Ante el sintendido y la desazón vital, el personaje de Brando no tiene más conocimiento que el de su propio cuerpo y sentir carnal. La búsqueda a través de la carne de la anulación del dolor espiritual. Ella es joven y romántica, quiere hablar, saber su nombre, conocerle, “armar” una historia. Él se resiste, con evasivas, solo sexo, sin nombres, ni la palabra “amor”.

Paralelamente vemos la historia absurda del amor de la joven con su prometido, un loco director cinematográfico que ve la vida como una película, como un encuadre. Constantemente se filma a sí mismo con su prometida. Filma sus reencuentros, sus besos, sus salidas, donde ella, es su actriz, su musa y su talismán. La vida es cine.

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La elección de Jean Pierre Leaud no es fortuita, el actor que había trabajó con Godard ya había sido el aleter ego –Doinel del propio Truffaut y era un icono de la nouvelle vague. Bertolucci se ridiculiza a sí mismo como artista , más empeñado en trasladar la vida al cine que en vivir mismamente la propia vida. Porque el intelectual no elige la vida, sino el camino de su conocimiento y representación. Él, no parece enamorado de la joven, solo parece enamorado del cine. Ella tampoco parece enamorada, por eso vive la aventura sexual con el maduro Brando en el apartamento ardiente y secretamente.

Pero el camino cada vez más violento y arduo de los encuentros sexuales la lleva al propio abandono. Ella decide finalmente el camino convencional, casarse, incluso tomar como casa ese apartamento de las citas sexuales. Esta confesión, es el desencadenante del cambio en el personaje masculino. Es entonces cuando Brando la busca, cuando la lleva a la calle por primera vez, cuando como un loco baila escatológicamente ese baile en el salón burgués, cuando la persigue hasta la casa de los padres de ella, cuando confiesa su amor y su nombre.

“Nuestros hijos, nuestros hijos…” dice moribundo Brando, en una escena memorable en la que el saxo de Gato Barbieri subraya el caracter de eros y tánatos del film. Los hijos muertos son todas las historias de amor que no subyacen, imposibles.

Esta película no funcionaría jamás si la protagonista que hay detrás, la ciudad, no fuese retratada tan magníficamente. No es el París al que estamos acostumbrados. No es el París del amor, de Hemingway, el París de Audrey Hepburn en el ciclo de películas”Encuentro en París, “Una cara con ángel”, “Charada”, “Como robar un millón”, …porque en cierto modo “el amor” como lo soñamos es como París. Y tal vez París no sea como la soñamos. El verdadero amor no es como lo imaginamos, como lo soñamos, como nos lo mostraron las películas. París sin la Tour Eiffel, ¿dónde está la torre que no aparece en la película? El “amor” sin el idilio, sin la confesión eterna de los nombres, sin la historia bella. Éste París puede ser cualquier parte. El “amor” puede ser cualquier cosa. Por eso las calles de este París parecen impersonales. Pueden ser cualquier ciudad del mundo. Y el amor, hasta podrido, de sus hongos puede brotar en cualquier parte.

Hacía un año que Bertolucci nos llevaba con su “El conformista” de Roma a París en la historia de fascistas asesinos a sueldo enamorados en París. Aquella vez según el director de fotografía todo teñido de azul y naranja.

Se cuenta que aquella pareja Trintignant y Stephania Sandrelli debían haber protagonizado “El último tango” pero ambos se negaron , él por los desnudos, ella por su embarazo.

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Cuenta Storaro que la elección de los créditos iniciales con cuadros del pintor Bacon corresponde a una inspiración que tuvo debido a la exposición que por entonces tenía lugar sobre el pintor en el Gran Palais en 1971. Nos explica como el film se resume en uno de los cuadros, un tríptico donde una pareja de amantes parece ser filmada o fotografiada haciendo el amor, y después, en la última parte parece haber algo corrompido y un periódico en el suelo …que según Storaro se refiere a la crítica que recibió la película. Recordemos que en su época la película tuvo que soportar la censura e incluso la condena a cárcel por temática escabrosa del propio realizador. El feminismo de la época y no sin razón, protestaba acerca de la naturaleza del vejatorio poder masculino sobre la mujer ( él siempre vestido, frente al salvaje desnudo del pubis sin depilar y pechos enormes de María) . Aunque los motivos eran menos profundos, Brando no soportaba a los 48 años ver su vientre grueso en escena por lo cual se vestía.

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Está película tiene dos pilares, sus actores. Respecto a él un consagrado actor se dicen muchas cosas. Cuentan que Brando nunca más quiso hacer una película como ésta porque se sintió violado. Cuenta el propio Brando que Bertolucci como una serpiente le susurraba cómo para interpretar solamente había de sacar su verdadero yo, ser él mismo y confesarse ante la cámara . Cosa que consigue en la escena ante la esposa muerta en la habitación cerrada. Solamente por esa escena por se merece ver la película entera. Se cuenta también que Brando no podía llorar, que pedía un producto lacrimal, pero ni aún así,y que el joven director italiano urgaba en sus heridas, en sus traumas familiares. Hay una escena de un llanto real, donde Brando realmente se ve abocado al llanto porque recuerda una pesadilla que verdaderamente ha tenido días atrás durante el rodaje en la que un huracán se llevaba su isla y su mujer y sus hijos morían.Un presagio de la tormenta existencial que vivió el actor en su vejez. Cuando lo que más amaba su familia fue sacudida por una espiral de violencia inusitada que le mantuvo alejado del mundo. Se dice que estaba arruinado y que para salvar su isla, emprendió una nueva carrera en 1970 con “El Padrino”, y con “El último tango en París” que le llevó a un renacimiento y a las nominaciones de los oscar tras un largo retiro.

Por su parte la actriz María Schenider, que no ha sido tan bien tratada ni en su carrera ni en su vida real, aterrizaba en el cine. Posteriormente seguía su estela en films míticos con “El reportero” de Antonioni, junto a otro maduro americano Nicholson, para estrellarse en el encasillamiento de personajes femeninos que solo aportaban erotismo.Una vida marcada negativamente por el papel que aceptó en 1970 y la persiguió toda su vida públicamente con crisis nerviosas, internamientos en psiquiátricos y que acabó el cáncer prematuramente en 2001.

Tampoco han quedado atrás el anecdotario la temática de la violación de la mantequilla. Al parecer según confesó el director, María no conocía la escena del uso anal con mantequilla al no estar en el guión, y él en consecuencia tras una deliberada búsqueda de veracidad, recordar el “cine verité” del que viene él mismo y al que autoparodia en el personaje de Jean Pierre Leaud, filma la indignación real de la actriz ante las cámaras.

 

 

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