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Piel de serpiente. Tenesse Williams y Sidney Lumet.

6 junio 2017

piel de serpiente

“Piel de serpiente” o “The fugitive kid “es el trasunto de la obra teatral de Tennessee Williams “Orpheus descending”, un título más adecuado (1957)por la propia simbología que está inspirado en su propia obra “Battle of Angels” (1940), y que él mismo guioniza junto a Meade Roberts . Dirigida por Sidney Lumet que fue galardonado mejor director en 1960 en Festival de San Sebastián. Destacarñia su fotografía de Boris Kaufman (“La ley del silencio”), en su claustrofófico blanco y negro , acentuado gris deinteriores presivos , que nos llevan a los vericuetos del alma, como un gusano asiste al decsubriiento de la madriguera de tantos sentimientos contrapuestos.

Si hablamos de Tennesse Williams hablamos del sur de Estados Unidos y hablamos por tanto de el autor mismo disfrazado en su personajes, de la vida podrida de la intolerancia, del sudoroso estado cálido, de la camiseta corta, del deshabillé de las combinaciones de maduras descarnadas y descalzas , de la murmuración del vecino, del deseo en los pantanos, del clasismo social, de la supremacía de la raza blanca en sus tierras cultivadas por sus esclavos forzosamente liberados tras la perdida de la guerra por parte de los confederados… Es decir viajamos por tanto a una localización exacta, que conocemos tan bien en parte a autores que hacen de su ecosistema un micromundo universal. El caledoscopio de las relaciones humanas en dicho entorno es la labor minuciosa, nunca fría ni objetiva del encharcado Williams. Porque el mismo participa de las pasiones de sus propios personajes, las conoce tan bien puesto que participa de ellas, que podemos palmarlos a traves de sus manos.

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La obra está repleta de frases y simbología. Desde el título que alude a la característica cambiante del personaje de mudar la piel según las circunstancias para adaptarse al medio, hasta la connotación sexual y pecaminosa del animal tentador en el Edén. El diablo que trae la manzana de la discordia al jardín establecido en este caso la localidad de Two Rivers.

Sacar lo hermoso de todo este ambiente decadente y corrupto, es la tarea del artista. Así se refiere Snake (Brando) al sentido que ha dado para la señora Talbot el descubrimiento de la pintura. Así la psicoanaliza el personaje puesto que le habla de la realidad de lo que él mismo conoce (tal cual hace el escritor Tenesse Williams con nosotros).

Valentine ‘Snakeskin’ (Marlon Brando) es un personaje sin pasado ni futuro, vaga como un pájaro sin alas que no sabe donde posarse (otra de las frases del film). Un “músico” (?) callejero de Nueva Orleáns, decimos músico (?) porque aún sin tocar ni cantar ni un solo acorde ante nosotros, porta y pasea su guitarra sin funda durante cerca de los 110 minutos de película. Lleva una vida particular. Asistimos en la intro al film a un juicio tras pasar una noche en el calabozo.

El de Brando, es un personaje marginal, rebelde, incomprendido…( una mezcla del personajes en los que se desenvuelve muy bien  el actor de Un tranvía llamado deseo y el Salvaje ). Representa la turbadora belleza bruta masculina, la juventud carnal inasible del deseo femenino (algo que también conocía bien Williams  es conocido su inagotable apetito sexual y su voracidad continua de jóvenes amantes.

La toma de vista en cámara subjetiva del punto de vista del juez nos muestra la declaración de Snakeskin (magistral intrepretación  de Brando llena de silencios, de pausas y miradas evasivas nunca de frente, donde se defiende ante un juez pero no se sabe de qué, ni qué es exactamente lo que estaba haciendo la noche de su detención. Se trata de un asunto de exhibicionismo?, o  ¿se trata de altercado callejero? , ¿proxenetismo? …lo único que queda claro es el arrepentimiento del personaje y su promesa de abandonar el lugar donde se encuentra.

Un personaje que no tiene nada más que su guitarra y su chaqueta de piel de serpiente.

En el generique asistimos ya magistralmente a la narración aprovechando los títulos iniciales de crédito, vemos como Brando es trasladado en coche a otra ciudad como un “vaga-mundo” más. Se detiene en Two Rivers, estamos en pleno Mississippi. Las tormentas húmedas contrastan con el calor de las pasiones. Todo puede confundirse bajo la piel.

Las mujeres otoñales como las llama la película arden en deseos insatisfechos de vida pasadas que no vinIeron a ser nada más que humo y dolor y aburrimiento. Es el caso de la excelente secundaria señora Talbot (Maureen Stapleton), esposa del sheriff (M.R. Armstrong), que deja pasar la  primera noche en Two Rivers a a Snakenin (Brando), que ha ido a parar en su fatum a casa del sheriff del lugar. La esposa le deja pasar la noche en la celda de la cárcel, mientras su esposo  y sus ayudantes dan caza humana a un preso huído por descuído de ella.

La canción ” Negro no dejes que el sol se ponga en esta ciudad”, trasmite perfectamente el aire de cacería humana, no solo del negro sino del marginal, de todo aquel que no es bien recibido o que altere el orden de la comunidad. Para eso están los “vigilantes” , trasunto del KuKluxKlan.

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Los vigilantes, amantes del fuego purificador, ya habían asesinado “quemando” vivo al padre negro de la otra protagonista la madura italiana Lady (Anna Magnani) ante su traumatizada mirada cuando esta era sólo una niña. Luego llegó a ser la esposa del propietario de la única tienda de la población Torrance. Él, un enfermo encamado, que sospecha de todo y desprecia a su mujer, forma parte de la recelosa red . Ella soporta con desencanto la vida mientras arde bajo el último rescoldo de la edad su deseo.

Cuando llega Snakeskin, éste le pide trabajo a cambio de favores no desvelados. Ella acepta desasosegadamente.

Los acontecimientos se suceden, y la galería de secundarios esplçendida, se engalana con la aparición en esecena de un a desequilibrada joven Carol Cutrere (Joanne Woodward), una joven alcohólica , víctima de su razón estrafalaria y de los abusos masculinos de quienes la rodean, protegida por su hermano, vapuleada por todos que cae rendida ante la aparición del príncipe Snakeskin que acaba abandonándola.

Una vez consigue trabajo en la tienda de Lady Torrance (Anna Magnani), suben las ventas de las compulsivas féminas del lugar y comienzan los celos del marido enfremo, que conspira con el sheriff cómo acabar con su nuevo empleado y su mujer.

Realmente. ¿es pasión, deseo, o amor? Parece que el personaje sde Snakeskin se siente humillado ante la proposición de Lady de que se quede instalado en la parte de atrás de la tienda como parte del trato en elq ue entraría la utilización de sus servicios carnales. Pero luego, es él mismo quien confiesa su amor y deseo de escapar con ella tras haber sido advretido por el sheriff de que abandone antes del día la ciudad o s no será tarde. Y sin embargo es ella (Magnagni) la que prefiere salvaguardar todo lo que se ha “trabajado” en vida , prefieriendo la felicidad material del negocio que espera tras la muerte de su marido a la fugacidad pasajera de la pasión de un joven que vaya a abandonarla. Ahora ha decidido dar riendas a sus sueños montando su propio negocio la apertura de una confitería. Pero tras las sospechas adulterio, su marido incendia la casa (otra vez el fuego purificador) y el negocio para intentar asesinar a los amantes que están adentro.

Es la ley del sur, la violencia a quien no acata el orden ancestral impuesto por la tradición.No hay lugar para quien no es aceptado. No hay redención futura en Carol Cutrere que vaga en su insatisfecha locura para escapar de la tierra que le ata.

Lo vemos con el propio Brando en la “Jauría humana”, “Arde Misssissipi” o la reciente “Selma”.

La sola diferencia es que los negros aparecen como elemento decorativo, ocupando terceros planos , como esquinas de la pobreza y miseria. Recordemos el desempleo, la marginalidad, al desocupar sus puestos y casas tras la abolición de la esclavitud, que además se subrayó en la segregación.

Es la ley del deseo que hace oscilar sus marionetas bajo su podredumbre, en lo más profundo del pozo de una nación, bajo una tradición sureña pesada, podrida que controla las almas y los destinos de sus habitantes.

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Sidney Lumet y Brando

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