
En 1982 se estrena Polstergeist, film maldito en la Historia del Cine ya que se relaciona su temática oscura con las muertes que acontecieron después de algunas de su protagonistas femeninas. No voy a hablar de la polémica pues no me interesa. Tampoco de la incertidumbre creada en cuanto a su autoría, es decir la otra gran polémica: hasta dónde dirigió Spielberg y hasta dónde Tob Hooper.
La leyenda ha incorporado muchos ingredientes malditos a la película que le han servido de una promoción inigualable y eso sí está claro.
Se cuenta que Spielberg en la cumbre de su fama y en el mismo año del estreno de E.T y por estricto contrato con el estudio de la Universal, había firmado exclusividad como director y por lo tanto solo podía aparecer acreditado tan solo como productor o guionista nunca como director. Así que se cuenta que escogió a Tob Hooper, que venía del enorme éxito de La matanza de Texas (74) o El misterio de Salem Slot (79). La mano de Spielberg se aprecia por todos lados, eso también está claro. El guión lo firma junto a Michael Grais y Mark Victor. La música de Goldsmith pone el nivel también muy alto.

El mérito de la película se halla en reciclar varios elementos visuales y temáticos que ya aparecían en otras películas, pero esta vez con un presupuesto elevado para efectos especiales y con una sólida dirección.
Destaca la primera parte del metraje. Aparece entonces la primera confusión para el espectador, ¿se trata de una película familiar con toques de humor made in años 80 ? Parece que sí en los primeros veinte minutos. Y ahí está lo inquietante, su giro y su crítica criptada ( que intentaremos desvelar).
Vayamos por los ítems para analizarla.

Era Reagan, toda la «industria» renace. Era dorada del capitalismo salvaje, la desregulación, el enriquecimiento y de nuevo el endeudamiento de la clase media. Últimos coletazos de la Guerra Fría y el miedo nuclear aún de los rusos. Un nuevo american way of life surge ése «Somos los mejores, hemos de mostrarlo» ¿ y cómo en EEUU? Con nuestra casa, nuestro coche, nuestra apariencia física. ¿Cómo en la era Reagan? El rasgo principal de carácter es el esfuerzo personal y la provisión que de él sacamos para «nuestra familia». Algo sagrado para el norteamericano. Hay que eliminar lo que amenaza el núcleo familiar, exterminar el peligro exterior. «La familia unida jamás será vencida». Ejemplos miles, de aquí a Jurassic Park. ¿Qué nos amenaza nuestra familia?¿Extraterrestres?, ¿mounstruos jurásicos? ¿muertos vivientes? Le echamos un par. Todo por mi hija/o. Aunque el principal mosntruo real capaz de disolver las familias va a ser para los conservadores de los años 80 el divorcio («Kramer contra Kramer»).

Aquí encontramos pues una familia modelo: padre trabajador, madre guapa, hija mayor despuntando sexualidad adolescente y dos infantes menores. Los Freeling. Dana es la hija mayor, y luego están los pequeños, el niño Robbie que teme la oscuridad y especialmente un árbol que hay ante la ventana de la habitación (un motivo que tomará también de la famosa Terror en Amytiville y que ya aparece en cuentos victorianos de fantasmas de R.M. James y que años después retomará hasta el propio Harry Potter con el árbol boxeador). En segundo lugar la principal protagonista Carol Anne, la pequeña rubia que posee cualidades paranormales.
La convivencia diaria se muestra sobre todo en la cocina, núcleo adonde se reune el modelo familiar americano.
Éste ítem, la reunión en la cocina, que se repite una y otra vez en los 80 (véase «E.T», «Encuentros en la Tercera Fase», «Los goonies», ….) ¿Cómo se lleva una familia americana? Pues vamos a verles desayunando. Como se desayunan crispies antes de ir al colegio pegándole a tu hermano y como una madre monísima está agobiada al tanto que un padre se ajusta una corbata nos va a dar el índice de felicidad.
No es de extrañar pues que la cocina sea el «espacio» donde comienza la «grieta» y adónde se den las primeras manifestaciones paranormales (el cambio de las sillas) de la casa.
Éste ítem, la reunión en la cocina, que se repite una y otra vez en los 80 (véase «E.T», «Encuentros en la Tercera Fase», «Los goonies», ….) ¿Cómo se lleva una familia americana? Pues vamos a verles desayunando. Cómo se desayunan crispies antes de ir al colegio pegándole a tu hermano y como una madre monísima está agobiada al tanto que un padre se ajusta una corbata nos va a dar el índice de felicidad.
Vamos al argumento, el padre en este caso es todo un ejemplo. Trabaja en lo mejor del momento, en una empresa inmobiliaria, no hay mejor trabajo en plena «burbuja» para ascender socialmente, enriquecerse y doblar el sueldo. Trabaja bien y por tanto recibe la oferta de su jefe del ascenso debido a su éxito de ventas.
El valle urbanizado (Cuesta Verde) en Los Ángeles se presenta ideal ante nosotros. El empleado ha recibido su chalet allí debido a sus éxitos de ventas inmobiliarias.
Pero bajo esta américa ideal subyace una pesadilla. Es una nación, como otras, fundada en la sangrienta exterminio y conquista de unos pobladores anteriores, los indios (tema que ya se sugiere en otro clásico del terror, El resplandor de Kubrik).
En este caso, el inmobiliario, el sueño capitalista no ha respetado, ni el cementerio que había en el terreno adónde han construido la urbanización.
¿Qué se critica en el fondo pues en esta película ?
La especulación como base de los peores demonios de nuestra sociedad. Vamos a explicarlo mejor.
La película hace referencias a la edad dorada llamada Reaganomics, donde las grandes multinacionales y sus productos nos enseñaban músculo constante en cada secuencia. Cocacola, chips, o la misma parafernalia de la era Star Wars (aparecen continuamente en la habitación de los niños desde máscaras de Darth Vader a muñecos Mattel de Skywalker, o la típica colcha con dibujos de naves X Wings y halcones milenarios… puro merchandising Lucas).

Pasamos al siguiente ítem: la casa encantada, habitada por fantasmas maléficos. La tradición que ya conocemos a través de muchísimos relatos victorianos del XIX continuó en el cine. Destacan la excelente The haunting o la posterior Al final de la escalera. Pero es a mi juicio en la minusvalorada Terror en Amytiville (del 78) donde se inspira mucho esta película. Analizamos. Amytiville, se basa en un relato real, el del asesinato de una familia entera por un poseído miembro de la misma, y da lugar a un «espacio» (la casa) que se impregna de una influencia maligna y amenaza a sus nuevos habitantes. Se trata de otra familia de 5 miembros, de casi idéntica estructura que la de Poltergeist, adonde igualmente una niña ejerce de contacto con la influencia maligna. Son pues dos hermanos y dos padres enamorados tipo Otra vuelta de tuerca (H. James). Poltergeist explota y calca hasta los pasos narrativos claves de Amytiville, pero inigualablemente los supera en habilidad y presupuesto. Lo que se intuye y luego ha envejecido como ridículo en una, en otra gana por la solvencia de los FX y dirección.
Destaca el neón azul y rojo, que Joe Dante y Carpenter manejan tan magistralmente en esta época y que aquí se exhibe poderosamente como marca de los 80.
La casa encantada tiene un nexo con el mundo real, una puerta que conecta el mundo de los vivos con el de los espíritus o muertos. ¿Y cuál es ese espacio nexo? Si en Amytiville, se trataba de una pared falsa en el sótano, que a modo de Poe se escondía un espíritu siniestro ( y por supuesto cómo no un perro descubría, siempre un perro). En el caso de Polstergeist, nada más y nada menos que la puerta nexp con el más allá es el medio tecnológico más amado y presente, y diría casi idolatrado por toda familia en la casa: la televisión en la época (hoy sería el móvil). No hay que olvidar que, con capacidad de atracción fatal y subyugación, se trata del principal destructor del cine y sus salas.
Tampoco escapa la lectura de trasfondo puritano contra la televisión, ya que se trata del medio capaz de entrar e instalarse demoníacamente en tu casa y tu vida sin apenas darte cuenta, y de entrar vamos, en tu propio dormitorio (cómo molaba que los niños tuvieran su propia tele en su cuarto, símbolo de un estatus social superior).
Si no les ha quedado claro quien es uno de los enemigos a batir. Los protagonistas de la película sí. Y lo tienen claro,véase la secuencia final del motel. «A partir de ahora», sacan «afuera» el televisor del espacio familiar.

Es significativo pues que la puerta al infierno, sea la televisión, y que a través de ella, el espíritu maligno rapte físicamente a la niña protagonista. Véase que además es la televisión es el póster de la película y su frase más celebrada publicitariamente es «ellos están aquí» que la protagonista pronuncia delante del televisor.
Y es terrorífico. Porque en la primera parte del metraje se explota de este modo la presencia de un elemento el televisor que nos resultará inquietante y que forma parte además de nuestro cotidiano.
Es decir, en tu propia casa hay un televisor que te subyuga. Además la casa que se nos muestra puede ser la tuya, así que cuando pasees por ella vas a sentir que lo que has visto en la película puede ocurrirte a tí, el peligro está en una cocina, un salón y un dormitorio.
Como hemos comentado el americano medio tiene un chalet, un coche y una familia. Si la familia es lo primero, el campo de batalla más terrorífico aquí va a ser el dormitorio infantil. El peligro, el terror está en tu propia casa. Un niño puede quedar aterrorizado de ver como sus juguetes se mueven . Ésto ya Hoffman en su «Cascanueces» hacía dos siglos se hizo eco de este terror infantil de la soledad del niño a oscuras en su habitación imaginando sus juguetes en movimiento y Spielberg en Encuentros en la Tercera Fase.

Ahora vayamos al motivo ¿porqué atacan los fantasmas?. En este caso una fuerza descomunal.
Siempre hay una razón desde el siglo XIX para el fantasma y es el descanso y la venganza de éste contra los vivos por su privación.
En este caso, desconocemos hasta el final la causa del acoso maligno que no es otra que la explicación clásica. El solar adonde se ha construido la casa adonde vive la familia Freeling se trata de un antiguo cementerio. Se ha violado pues el descanso de los muertos al construirse encima. El boom inmobiliario no respeta ni lo más sagrado.
Al final tal vez hoy día algún espectador se sintiera decepcionado con los » muertos vivientes» de los 80 donde había una debilidad por los Fx de maquillaje y donde los «muertos» o zombies siempre eran representados como harapientos esqueletos desharrapados, con movimientos torpes de animatronics. El propio clip de Thriller de Michael Jackson marcó una época donde G. Romero , Tob Hooper o películas como «House una casa alucinante», «Creepshow», …etc mostraban este estereotipo de muerto viviente marioneta tipo «Tales of the Cript». Con eso crecimos en mi generación. Y todos nos cagábamos de miedo con lo que hoy ha quedado ridículo en la era digital. Otra cuestión es la preferencia, por ejemplo yo soy partidario de «ésto» a la obscenidad digital que intenta hacer real lo imposible.

En resumen fuerzas malignas instaladas en la casa, movimientos de objetos, voladores un cuarto cerrado, una niña desaparecida a otra dimensión dentro de un canal de televisión….Ante tanto desastre…. ¿Qué nos puede salvar?.
Pues el amor de una madre, que es capaz de cruzar el más allá, renegando incluso de lo más sagrado a través de una medium. Y el amor de un padre que reniega de su ascenso social a cambio de recuperar su familia.
Familia salvada, crítica social ambigüa al modelo capitalista y a la propia tele. Eso sí, vista «la caja» hecha em taquilla, nadie se iba a salvar de las secuelas. O sea, más capitalismo,
¿levantaremos de nuevo a los fantasmas de la tumba?…
Por supuesto , todo sea por la pasta.
A esto se llama nadar bien y guardar la ropa.